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Esta etapa, que se acentúa en la adolescencia, es verdaderamente compleja, porque nos encontramos perdidos entre pensamientos propios y ajenos. Todo esto, unido a al desarrollo hormonal y al crecimiento de la autonomía, es casi como lanzarse contra una muralla medieval.

Un estudio realizado por el Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo de Estados Unidos, aplicado a jóvenes de entre séptimo y octavo grados de California, concluyó que los estudiantes hispanos fueron los que más reportaron haber probado el alcohol, los cigarrillos o la marihuana, seguidos de los afroamericanos, los caucásicos y los asiáticos.
¿El motivo? Al parecer, los jóvenes latinos se sienten mucho más influenciados por la presión social, en contraste con cualquier otro grupo étnico. Por lo visto, la mayoría de estos jóvenes no sabía decir que “no”.

Hablamos de adolescencia, pero muchas personas, a edades ya considerables, siguen sin enfrentarse a la presión social de su entorno. Y es que una relación calidad y sólida entre dos personas no puede depender de un mero “no”. Debemos aprender a negarnos, pero también acostumbrarnos a aceptar esa respuesta por parte de otros.

Por eso, uno de los temas que desarrollaremos en nuestra próxima Escuela de Emociones es justamente el temido huracán de presión social. Somos seres sociales, y como tal necesitamos saber que pertenecemos a una comunidad, a una tribu. La gran dicotomía es hasta qué punto dejamos que nuestra identidad se diluya en la búsqueda del sentido de pertenencia.

Aunque tengas la ilusión de ser libre, pregúntate qué harías si no tuvieses miedo al rechazo, al fracaso, al qué dirán.

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