Cecilia Velazquez

Una tensa posesión

Cecilia Velazquez 2021-01-19 23:34:36 A 195 Personas les gusta cecilia velazquez

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Una tensa posesión

2021-01-19 23:34:36


Una tensa posesión

Joe Biden y Kamala Harris tomarán hoy posesión de sus cargos como presidente y vicepresidenta de Estados Unidos, en un ambiente anómalo. El que solía ser un ritual tranquilo –más allá de los riesgos habituales de atentados de agrupaciones foráneas–, que se desarrollaba en un clima festivo, renovando múltiples pequeños rituales en el corazón de la democracia y el alma estadounidense, hoy será algo muy diferente.

La pandemia de covid-19 y la amenaza que representan los grupos locales de extrema derecha son los dos principales factores que, juntos, lograron que este 20 de enero sea tan diferente de los anteriores. A causa de la primera no habrá multitudes. En reemplazo de la gente, 20.000 banderas serán ubicadas en la explanada frente al Capitolio. Tampoco se efectuarán la tradicional gran parada del mandatario entrante entre la Casa Blanca y la sede del Legislativo, ni los bailes que por la noche tenían lugar en diferentes puntos de la ciudad. Católico practicante, Biden asistirá antes de la investidura a una eucaristía en la catedral de San Mateo, a la que ha confirmado su asistencia el líder de los senadores republicanos en el Congreso, Mitch McConnell.

El riesgo que encarnan los grupos, seguidores fanáticos del presidente saliente, ha obligado a una inédita presencia de más de 20.000 integrantes de la Guardia Nacional en el Capitolio. El FBI y otras agencias de seguridad llevan varios días dedicadas a blindar la posesión contra posibles ataques de los radicales. La amenaza se extiende a las capitales de los demás estados, en particular a las sedes de los congresos.

Al covid y al riesgo de terrorismo interno se suma un tercer elemento inédito y, a la larga, mucho más poderoso que estos dos: los millones de ciudadanos del país del norte hoy convencidos, por cuenta de Trump, de que el triunfo de Biden no fue en franca lid. Esta realidad conduce a otro escenario tan aterrador como novedoso para este país: el de una democracia que fue referente mundial enfrentando serios desafíos existenciales que se nutren de que cada vez son menos los puntos de encuentro entre los miembros de esta sociedad, tan diversa y compleja.

Como lo han señalado varios expertos, la polarización ha dejado de ser el principal desafío para la democracia estadounidense: hoy, su gran reto es recuperar la credibilidad de un amplio sector de la población que, tras años de marginación, encontró en Donald Trump al caudillo que le dio voz –a través de noticias falsas, aberrantes mentiras y demás estrategias de manipulación, a todas luces inaceptables– a la desazón que los invadía. Aquella que floreció en el abismo cada vez más profundo que los separaba de quienes tomaban las decisiones que afectaban sus vidas.

De ahí que la expectativa sobre el discurso de Biden se concentre, claro, en cómo hará para enfrentar lo urgente: la pandemia y la grave crisis económica derivada de las medidas tomadas para intentar contener su avance. Pero sobre todo en qué tiene pensado para tratar algo tan clave: detener la hemorragia y comenzar a sanar una herida que cada vez se descubre más profunda de lo que parecía.

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